El Santo Rosario | Como Rezar el Rosario

El Santo Rosario

Entre todas las devociones que hay dedicadas a la Virgen María, el rezo del Rosario es la que más identifica y une a los católicos. Es una magnífica oración que nos encamina a vivir los misterios del Evangelio, a recordar y meditar en los momentos más significativos del Salvador. El Rosario es una oración evangélica, que necesita de la meditación; nos enseña que, con Cristo, a través del gozo y el dolor se consigue la gloria.
  • Como Rezar el Santo Rosario
  • El Santo Rosario de la Virgen María

    Entre todas las devociones que hay dedicadas a la Virgen María, el rezo del Rosario es la que más identifica y une a los católicos. Es una magnífica oración que nos encamina a vivir los misterios del Evangelio, a recordar y meditar en los momentos más significativos del Salvador. El Rosario es una oración evangélica, que necesita de la meditación; nos enseña que, con Cristo, a través del gozo y el dolor se consigue la gloria.

    El Rosario consta de varios elementos:

    La contemplación: al recordar cada misterio del Rosario en los que recorremos los momentos más importantes del Evangelio, meditamos con María los misterios de la Vida de Jesús.

    El Padre Nuestro: la oración cristiana por excelencia, enseñada por Jesús; es de fundamental valor para todo cristiano.

    El Ave María: oración compuesta por el saludo del ángel a la Virgen y el anuncio de su maternidad; la alabanza de santa Isabel al recibir la visita de María y la súplica de la Iglesia por su intercesión.

    El Gloria: es la glorificación a Dios, Uno y Trino.

    Si no acostumbras esta devoción de rezar el Santo Rosario, te invitamos a que lo hagas de vez en cuando, si es posible en familia, recuerda que "familia que reza unida, permanecerá unida". Rezar el Rosario en forma personal, también es muy bueno.

    El objetivo es que seamos mejores cristianos, poniendo en práctica los valores del Evangelio, vividos plenamente por María, Madre de Jesucristo.


    Historia

    El "Salterio de la Virgen María", como antiguamente se le llamaba, era la "herramienta" que utilizaban las personas sencillas que no sabían leer o que no tenían libros, para reemplazar el rezo del Salterio, es decir, los 150 Salmos de la Biblia que los religiosos tenían que rezar cada semana. Quienes no podían rezar los 150 Salmos de la Biblia, los reemplazaban por otras 150 oraciones, como por ejemplo: Padrenuestros, Credos, Ave María, etc. Para poder llevar de una mejor manera la cuenta de las oraciones que se rezaban, hacían nudos en una cuerda o ensartaban en ella pequeñas pepitas y allí iban contando. En tumbas muy antiguas se han encontrado estas cuentas o sartas de piedrecitas. Muchos enfermos murieron rezando, y en sus manos dejaron sus familiares aquello con lo cual iban contando las oraciones que enviaban al cielo. El Rosario se compone de 59 pepitas o cuentas repartidas de la siguiente manera: cinco cuentas al principio, desde el crucifijo hasta donde empiezan las decenas, quizás en honor de las llagas de Cristo o de los cinco misterios que se van a meditar. Cinco grupos de 10 cuentas, cada una para contar las 10 Avemarías de cada misterio; y entre una decena y otra, una cuenta para rezar el Padrenuestro que va al principio de cada Misterio.

    La devoción del Rosario tiene ya ochocientos años de vida en la Iglesia. Un papel importante en su origen se atribuye a Santo Domingo de Guzmán († 1221) quien recomendaba mucho a las personas que repitieran frecuentemente a la Santísima Virgen el "Ave María", pensando en los Misterios de la Vida, Pasión y Resurrección de Nuestro Señor. Él y otros padres dominicos, dedicaron su vida a propagar entre las gentes la costumbre de rezarle a la Santísima Virgen lo que antes se llamaba "Salterio de la Santísima Virgen", y que desde entonces empezó a llamarse "Rosario de Nuestra Señora". La tradición cuenta que en el año 1208, María, la Madre de Dios, enseñó personalmente a Santo Domingo, a través de una visión, cómo rezar el Rosario y le dijo que propagara esta devoción a todas las naciones y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe. Nombres del Rosario.

    Al Rosario de María se le llama de muchas maneras y se le compara con muchas cosas. Su estructura externa y la riqueza de su contenido dan pie a lo siguiente: Es un Río de Rosas formado por las cincuenta Avemaría y las otras oraciones y jaculatorias, que fluye desde los hombres hasta el cielo para pedir la intercesión de la Virgen. Es un Ramillete de Rosas dedicado a la Virgen: "Venid gentes y coged las rosas de estos misterios" (Liturgia: Himno de la fiesta). Es también como una Corona de Rosas tejida con flores de la más variada belleza y del más exquisito perfume: -los misterios de la vida de Cristo, las reflexiones y oraciones- que despiertan en nosotros sensaciones de dolor, de gloria o de alegría. Es asimismo un Salterio, con ciento cincuenta salutaciones a la Virgen.

    Es el Breviario de los Fieles, algo así como lo que es para lo clérigos el rezo oficial litúrgico. Los Papas, a partir de Pío XII, lo llaman Compendio del Evangelio, pues recuerda los hechos más destacados de la vida de Jesús y María, y a la vez nos invitan a vivirlos al poner a nuestra consideración, los misterios que se ocultan tras cada uno de esos hechos que recuerda. Aparte de ser una de las más grandes expresiones de la religiosidad popular, desde un principio, el rezo del Santo Rosario representó para la Cristiandad una arma de defensa en contra de la herejía. Y precisamente este quiere ser el doble objetivo de este folleto: fomentar la piedad popular y construir un dique en contra de la penetración protestante y un sinfín de idolatrías que amenazan al hombre actual.

    «Considero —dice el Papa León XIII— que no hay nada mejor ni más oportuno que recomendar y promover esta forma de oración, para que mediante el Rosario, gracias a la consideración frecuente de los misterios de la salvación, la fe despierte más viva en el corazón de los hombres y el fuego sagrado de la oración se reanime y resplandezca como prenda de paz, de elevación moral y de prosperidad.

    «Esta maravillosa devoción mariana, como toda devoción auténtica, está impregnada de la más sólida doctrina. Los quince misterios del Rosario son una admirable y fuerte síntesis, en forma de meditación, de todo el dogma de la Redención.

    «Y en cuanto a la forma externa de su recitación, ya sea privada, ya pública, es obra maestra de sencillez evangélica, cuyo tono es deliciosamente filial y graciosamente infantil, como sienta a pequeñitos que balbucean su cariño a una tierna madre».

    «Entre las distintas oraciones públicas que dirigimos útilmente a la Virgen Madre de Dios —añade el Papa Pío XI—, el Santo Rosario ocupa un lugar excepcional. (...)

    «Y así como en el tiempo de las Cruzadas se levantaba en toda Europa, de todos los pueblos, una sola voz, una plegaria única, que hoy también, en el mundo entero, en las metrópolis y en las ciudades, en los pueblos y en las aldeas, todos unidos de corazón y de esfuerzo, se afanan con porfiadas súplicas por alcanzar de la poderosa Madre de Dios que sean desbaratados los destructores de la civilización cristiana y humana, y que sobre los hombres fatigados e inquietos, resplandezca la paz verdadera».


    Santo Domingo de Guzmán: En busca de las ovejas perdidas

    Nació en Caleruega (España), en 1170. Eligió la vocación del sacerdocio y fundó la orden de Frailes Predicadores o Dominicos en 1217. Murió en Bolonia en 1221 y fue canonizado por Gregorio IX en 1234. En los tiempos del Padre Domingo de Guzmán se vivía un importante conflicto de orden religioso: los protagonistas eran un grupo herético llamado "albigenses" (originarios de Albi, al sur de Francia); pretendían difundir una doctrina que afirmaba que existían dos dioses: uno del bien y otro del mal. El dios bueno fue quien creó todo lo espiritual, mientras que el dios malo fue quien creó todo lo material. En consecuencia, para los albigenses todo lo material era malo, incluyendo el cuerpo. Esto significaba que Jesús, al hacerse hombre y tener un cuerpo, no podía ser bueno y por consiguiente no podía ser Dios. Además, los albigenses también negaban los sacramentos y la verdad de que María es la Madre de Dios; se rehusaban a reconocer al Papa y establecieron sus propias normas y creencias.

    En esos tiempos (siglo XII), los problemas trataban de solucionarse por medio de la guerra, pues se pretendía obligar a todos a pensar de determinada manera, los cristianos para defender su fe, participaban en ella, eran las batallas conocidas como "cruzadas". Santo Domingo evitó asociarse a la cruzada contra los albigenses, prefiriendo la acción pacífica a los horrores de la guerra, por lo que se dio a la tarea de ir a Francia para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia por la herejía albigense. Trabajó por años en medio de estas personas y por medio de sus predicaciones, oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos; pero muy a menudo estas personas se retractaban debido al temor de ser ridiculizados, a pasar trabajos forzados o recibir algún tipo de represalia. Domingo dio inicio también a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas en un convento que se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen.


    Una bella tradición: la historia de santo Domingo y la Virgen María

    Existen relatos interesantes que pertenecen a la tradición de la Iglesia; han pasado de generación en generación para enseñarnos cómo Dios se vale de diferentes medios para hacer que crezca en los hombres el fervor y como consecuencia, el deseo de hacer siempre su voluntad. A cerca del Rosario, se cuenta la siguiente historia:

    Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque y pasó en él tres días y tres noches en continua oración y penitencia. Un día, se le apareció la Santísima Virgen acompañada de tres princesas del cielo y le dijo:

    "¿Sabes tú, mi querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo? - Oh, Señora, respondió él, vos lo sabéis mejor que yo, porque después de vuestro Hijo Jesucristo fuisteis el principal instrumento de nuestra salvación".

    Ella añadió: "Sabe que la pieza principal de la batería fue la salutación angélica, que es el fundamento del Nuevo Testamento. Por tanto si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi salterio". La Virgen reveló: "Sólo si la gente considera la vida, muerte y gloria de mi Hijo, unidas a la recitación del Avemaría, los enemigos podrán ser destruidos. Es el medio más poderoso para destruir la herejía, los vicios, motivar a la virtud, implorar la misericordia divina y alcanzar protección. Los fieles obtendrán muchas ganancias y encontrarán en mí a alguien siempre dispuesta y lista para ayudarles."

    Santo Domingo contaba que veía a la Virgen sosteniendo en su mano un rosario y que le enseñó a recitarlo; dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias. El Santo se levantó muy consolado y abrazado de celo por el bien de estos pueblos, entró en la Catedral y en ese momento sonaron las campanas (por intervención de los ángeles) para reunir a los habitantes. Al principio de la predicación se levantó una espantosa tormenta, la tierra tembló, el sol se nubló y los repetidos truenos y relámpagos hicieron estremecer y palidecer a los oyentes. La tormenta cesó al fin por las oraciones de Santo Domingo. Continúo su discurso y explicó con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que los moradores le abrazaron casi todos, renunciando a sus errores, viéndose en poco tiempo, un gran cambio en la vida y costumbres de la ciudad.


    La Virgen del Rosario: ¡vencedora de las batallas!

    Europa y con ella toda la cristiandad estaba en grave peligro de extinción. Sabemos, por las promesas de Jesucristo, que eso no puede ocurrir pero, humanamente, no había solución para la amenaza del Islam. Los Musulmanes se proponían hacer desaparecer, a punta de espada, el cristianismo. Ya habían tomado Tierra Santa, Constantinopla, Grecia, Albania, África del Norte y España. En esas extensas regiones el cristianismo era perseguido, muchos mártires derramaron su sangre y muchas diócesis desaparecieron completamente. Después de 700 años de lucha por la reconquista, España y Portugal pudieron librarse del dominio musulmán. Esa lucha comenzó a los pies de la Virgen de Covadonga y culminó con la conquista de Granada, cuando los reyes católicos, Fernando e Isabel, pudieron definitivamente expulsar a los moros de la península en el año de 1492. ¡La importancia de esta victoria es incalculable, dado que en ese mismo año ocurre el descubrimiento de América y la fe se comienza a propagar en el nuevo continente!.

    En la época del Papa Dominico Pío V (1566 - 1572), los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta del peligro inminente. El Papa pidió ayuda pero se le hizo poco caso. El 17 de septiembre de 1569 el Papa Pío V con una Bula o Encíclica dirigida a todos los cristianos del mundo recomienda rezar el Rosario de la manera como se reza ahora. Con esto quedaba consagrada esta devoción como algo propio de los buenos católicos.

    El 7 de octubre de 1571 se encontraron las flotas de musulmanes y cristianos en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. La flota cristiana, compuesta de soldados de los Estados Papales, de Venecia, Génova y España y comandada por Don Juan de Austria entró en batalla contra un enemigo muy superior en tamaño. Se jugaba el todo por el todo y antes del ataque, las tropas cristianas rezaron el Santo Rosario con devoción. La batalla de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos. Los Turcos fueron derrocados, la mayoría de las embarcaciones hundidas y una tormenta completó la destrucción de los turcos. El poder de los turcos en el mar se había disuelto para siempre.

    En Roma, el Papa se hallaban rezando el Rosario mientras se lograba la milagrosa victoria para los cristianos. Entonces salió de su capilla, se asomó a la ventana, miró hacia el cielo y, guiado por una inspiración, anunció con mucha calma, que la Santísima Virgen había otorgado la victoria, y dijo a sus Cardenales: "Dediquémonos a darle gracias a Dios y a la Virgen Santísima, porque hemos conseguido la victoria".

    Semanas mas tarde llegó el mensaje, desde el lejano Golfo de Corinto, de la victoria por parte de Don Juan, quién desde un principio le atribuyó el triunfo de su flota a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario. El Papa Pío V felicitó a los ejércitos vencedores diciéndoles: "No fueron las tropas. No fueron las armas. No fueron los jefes. Fue la intercesión de la Santísima Virgen María, la Madre de Dios la que nos consiguió la victoria al rezarle nosotros el Rosario".

    En 1572, agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V instituyó el 7 de octubre como la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanía de la Santísima Virgen el título de "Auxilio de los Cristianos" para implorar la misericordia de Dios sobre su Iglesia y todos los fieles, y agradecerle su protección e innumerables beneficios, en modo especial, por haber librado a la Cristiandad de las armas de los turcos en la victoria de Lepanto (este Pontífice fue propagador del título de Auxiliadora y más tarde, un sacerdote llamado San Juan Bosco, sería el propagandista de la devoción a María Auxiliadora).

    Desde que el Papa Pío V recomienda a todo el mundo el rezo del Rosario, recordando que con esta oración se han obtenido grandes triunfos en la guerra contra los infieles, y que esta devoción ha demostrado tener gran eficacia para detener las herejías y conseguir conversiones, y que toda persona fervorosa lo debe rezar frecuentemente, la costumbre de rezar el Rosario se vuelve popularísima en todas las naciones y su popularidad va aumentando año con año. Fue él quien dio el encargo a la Orden de Predicadores de propagar el Santo Rosario.

    Mientras los historiadores siguen el hilo de los hechos desde aquellos remotos siglos hasta hoy, el pueblo ratifica su sentir y por mucho tiempo seguirá cantando: ¡Viva María, viva el Rosario, viva Santo Domingo que lo ha fundado!


    Valor e importancia del Rosario

    El Rosario es considerado como la oración perfecta, porque junto con él, esta aunada la majestuosa historia de nuestra salvación. Es una oración simple, humilde como María; es una oración que podemos hacer con Ella. Al rezar el Avemaría, invitamos a nuestra Madre a que rece con nosotros y una su oración a la nuestra. Es una verdadera colección de "rosas de alabanza" que obsequiamos a la más bondadosa de todas las madres, a la más bendecida de todas las mujeres. Es la oración de los sencillos y de los grandes. Es tan simple que está al alcance de todos; se puede rezar en cualquier parte y a cualquier hora. ¿Te has fijado que en los momentos de mayor dificultad, lo primero que se nos ocurre es rezar un Rosario?, y después de rezarlo, ¿has experimentado la paz y confianza que se siente?. Has la prueba, rezar el Rosario es como un bálsamo que te permite afrontar a vida desde otro punto de vista. El Rosario ha sido la devoción más efectiva para mantener viva en las mentes y en los corazones de los fieles el amor de Dios, la fe en el Señor Jesucristo, el conocimiento de las verdades básicas de la doctrina cristiana y la conciencia de pertenencia a la Iglesia.

    Con su triple serie de misterios, el Rosario nos enseña a unirnos con María a Cristo en todo momento. Precisamente en eso consiste toda nuestra santificación: en configurarnos con Cristo, el hombre perfecto, el único "Camino, Verdad y Vida". Jesús vino al mundo por María; el hombre llegará a Dios por María. El Rosario es la oración inspirada por la Virgen, con él se presenta en sus dos últimas apariciones: en Lourdes y en Fátima, fue aquí en donde ella misma se identificó con el título de "La Señora del Rosario", invitándonos a rezarlo como una arma poderosa en contra del maligno. Hasta ahora se ha considerado como la mejor definición del Rosario, la que dio el Sumo Pontífice San Pío V en su "Bula" de 1569. Dice así:

    "El Rosario o salterio de la Santísima Virgen, es un modo piadosísimo de oración, al alcance de todos, que consiste en ir repitiendo el saludo que el ángel le dio a María; interponiendo entre cada diez Avemarías un Padrenuestro, y tratando de ir meditando mientras tanto en la Vida de Nuestro Señor".


    Las promesas para los que recen el Rosario

    La Virgen María hizo a Santo Domingo quince promesas para quienes acostumbren rezar el Rosario:

    1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

    2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
    3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.
    4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.
    5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.
    6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.
    7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.
    8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.
    9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.
    10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
    11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
    12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
    13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.
    14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
    15. La devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.


    Para merecer las promesas

    Existen muchas prácticas piadosas con las que se nos promete a quienes las realizamos, determinados "premios", o más bien "consecuencias". Es muy importante saber que para que se cumplan esas promesas es necesaria la cooperación del hombre. Expliquemos mejor: Las prácticas piadosas (como el rezo del Rosario) son una forma de demostrar nuestro amor a Dios, nuestro deseo de alabarlo, darle gracias, pedirle favores y contagiar a otros de estos mismos deseos. Se refieren a oraciones, visitas al templo, participación en la liturgia, etc.

    Cuando hablamos de amor a Dios, no nos referimos solamente a ofrecer esas prácticas piadosas; el amor a Dios se manifiesta además y sobre todo con las actitudes y comportamientos de la vida cotidiana. Por lo tanto, las prácticas piadosas te deben ayudar a vivir de acuerdo a ese amor que le tienes a Dios, es decir, de acuerdo a la voluntad de Dios, revelada por Jesucristo en su Evangelio. O sea, si tú cristiano rezas, rindes culto, participas en la liturgia, es porque reconoces el inmenso amor que Dios te tiene; porque sabes que es justo y necesario alabar y bendecir a Dios en todo momento; porque reconoces que nada puedes sin la ayuda del Señor; porque quieres ser un auténtico cristiano -seguidor de Cristo- obedeciendo lo que Él nos enseñó: el amor al prójimo.

    Cuando rezas para pedir una gracia o un favor a Dios, tienes presente que Él conoce bien cuáles son tus necesidades y confías en su Amor y Sabiduría; le pides a Dios, sí, pero anteponiendo lo que decimos en el Padrenuestro: "Hágase Señor tu voluntad…". Dios conoce lo que tú necesitas realmente, aunque sea otra cosa lo que tú deseas. La voluntad de Dios es muchas veces incomprensible para el hombre, pero la fe permite que confiemos aunque no comprendamos, porque tenemos la certeza de cuánto Dios nos ama y sabemos que todo lo que permite es para nuestro bien, para alcanzar nuestra salvación. La Virgen María intercede por nosotros ante Dios y promete a quienes rezamos el Rosario, por ejemplo, que "recibiremos cualquier gracia… seremos protegidos siempre… nos socorrerá en las necesidades… ." Y también promete que “hará germinar las virtudes… destruye el vicio y libra del pecado… el alma no perecerá…

    Podrías preguntarte por ejemplo, por qué enfermó y murió aquella niña tan pequeña, ¿es que sus padres nunca le pidieron a la Virgen ni a Dios que la protegiera y la librara de la muerte? Por qué tantos accidentes, violencia, atropellos a gente buena, ¿será que nunca rezan el Rosario?…”

    La única forma de contestarnos estas y otras preguntas, es a través de la fe; de la confianza plena en la Divina Providencia. Ningún razonamiento humano puede explicar la presencia del mal en el mundo.


    La Virgen María promete muchas cosas a quienes rezamos el Rosario, pero:

    • Te libras del pecado sólo si te arrepientes, te confiesas y te propones enmendarte.

    • Tu alma no perecerá, si procuras estar siempre en gracia de Dios, es decir, sin pecado mortal.
    • Todo lo que pidas te será concedido, siempre que ayude a la salvación de tu alma.

    Lo que más le interesa a la Virgen es que todas las personas se salven y alcancen, como Ella, la Vida Eterna. Todo lo que María ha dicho y prometido es con esta principal intención, que, como dijo en las Bodas de Caná, todos los hombres "..hagan todo lo que Él les mande." (Jn 2,5)

    Como vez, rezar el Rosario -como cualquier otra práctica piadosa- no es una "fórmula mágica" para librarnos del mal y para obtener todo lo que queramos. Tampoco es un "pase automático" al cielo. Se requiere de varias condiciones, todas ellas precedidas por la fe firme en Dios, Padre Todopoderoso, y en Jesucristo, el único "Camino, Verdad y Vida"; además de las siguientes actitudes interiores:

    • Deseo sincero de alabar a Dios por medio de esas oraciones.

    • Aceptar y vivir las enseñanzas del Evangelio de Jesús.
    • Amor sincero a María, admirando sus virtudes y buscando imitarlas.
    • Propósito firme de apartarse del pecado para alcanzar la vida eterna.
    • Aceptar la voluntad de Dios, por la convicción de su gran Amor y Sabiduría.


    Como Rezar el Santo Rosario


    La Bendición
    Con su mano derecha, trace una cruz tocando su frente, luego el pecho, hombro izquierdo y hombro derecho, diciendo: “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”

    Credo de los Apóstoles
    Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su Único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo: Nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está a la derecha del Padre; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vide eterna. Amén.

    Padre Nuestro
    Padre Nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre. Venga tu Reino, hágase tu Voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.

    Rece tres Avemarías
    Dios te Salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

    • En el primer Avemaría añada después de la palabra “Jesús” ‘que aumenta nuestra fe.’

    • En el segundo Avemaría añada después de la palabra “Jesús” ‘que aumenta nuestra esperanza.’
    • En el tercer Avemaría añada después de la palabra “Jesús” ‘que aumenta nuestro amor.’

    Gloria al Padre
    Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

    - Anuncie el misterio (Misterios Gozosos, Dolorosos o Gloriosos

    • Primer Misterio Gozoso - La Anunciación (Oración acerca de la humildad)

    • Segundo Misterio Gozoso - La Visitación (Oración acerca del amor al prójimo)
    • Tercer Misterio Gozoso - El Nacimiento de Jesús (Oración acerca de la pobreza de espíritu)
    • Cuarto Misterio Gozoso - La Presentación del Niño Jesús (Oración acerca de la pureza de mente y de cuerpo)
    • Quinto Misterio Gozoso - El Hallazgo del Niño Jesús en el Templo (Oración acerca de la obediencia)

    • Primer Misterio Doloroso - La Agonía en el Huerto (Oración acerca de que se haga la voluntad de Dios)

    • Segundo Misterio Doloroso - Los Azotes que Recibió Jesús en la Columna (Oración acerca de la mortificación de los sentidos)
    • Tercer Misterio Doloroso - La Coronación de Espinas (Oración acerca del Reino de Dios en nuestro corazón)
    • Cuarto Misterio Doloroso - Jesús con la Cruz a Cuestas (Oración acerca de soportar las dificultades)
    • Quinto Misterio Doloroso - La Crucifixión (Oración acerca del perdón de las ofensas)

    • Primer Misterio Glorioso - La Resurrección (Oración acerca de la fe)

    • Segundo Misterio Glorioso - La Ascensión (Oración acerca de la Esperanza Cristiana)
    • Tercer Misterio Glorioso - El Descenso del Espíritu Santo (Oración acerca de los dones del Espíritu Santo)
    • Cuarto Misterio Glorioso - La Asunción (Oración acerca de Jesús a través de María)
    • Quinto Misterio Glorioso - La Coronación (Oración acerca de la Gracia de la Perseverancia Final)

    - Rece un Padrenuestro

    - Rece diez Avemarías mientras medita el primer misterio del Rosario; (después de la palabra ‘Jesús’ de cada Avemaría añada:

    • Misterios Gozosos
    • a quien tú, oh Virgen, has recibido por el poder del Espíritu Santo’...

    • a quien tú, oh Virgen, has llevado a Isabel’...
    • a quien tú, oh Virgen, has dado a luz’...
    • a quien tú, oh Virgen, has llevado al templo’...
    • a quien tú, oh Virgen, has recuperado en el templo’...

    • Misterios Dolorosos

    • ‘quien por nosotros ha sudado sangre’...

    • quien por nosotros ha sido flagelado’...
    • quien por nosotros ha sido coronado con espinas’...
    • quien por nosotros ha cargado la cruz’...
    • quien por nosotros ha sido crucificado’...

    • Misterios Gloriosos

    • quien ha resucitado de entre los muertos’...

    • quien ha ascendido al cielo’...
    • quien nos ha enviado el Espíritu Santo’...
    • quien te ha llevado a ti, oh Virgen, al cielo’...
    • quien te ha coronado, oh Virgen, en el cielo’...

    - Rece un Gloria al Padre

    - Rece la “Oración de Fátima”
    Oh mi buen Jesús, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno. Lleva las almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia. Amén.

    - Repita esta secuencia para los misterios restantes

    Salve
    Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve, a ti llamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea pues Señora, abogada nuestra. Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

    Ruega por nosotros Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas de Jesucristo. Amén.

    Oremos
    Oh Dios, cuyo único hijo engendrado, por su vida, muerte y resurrección, nos ha obtenido la recompensa de la vida eterna, concédenos, te suplicamos, que por la meditación de estos misterios del santísimo Rosario de la Bendita Virgen María, podamos imitar lo que contienen, y obtener lo que prometen, por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.

    - Finalice con la Bendición
    Con su mano derecha, trace un a cruz tocando su frente, luego el pecho, hombro izquierdo y hombro derecho diciendo: “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”


    Recemos la Letanía:

    Guía:

    Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros
    Cristo, ten piedad de nosotros Cristo, ten piedad de nosotros
    Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros
    Cristo, óyenos Cristo, óyenos
    Cristo, escúchanos Cristo, escúchanos
    Dios Padre celestial Ten piedad de nosotros
    Dios Hijo, Redentor del mundo Ten piedad de nosotros
    Dios Espíritu Santo Ten piedad de nosotros
    Santa Trinidad que eres un solo Dios Ten piedad de nosotros
    Santa María Ruega por nosotros
    Santa Madre de Dios Ruega por nosotros
    Santa Virgen de las Vírgenes Ruega por nosotros
    Madre de Jesucristo Ruega por nosotros
    Madre de la Iglesia Ruega por nosotros
    Madre de la Divina Gracia Ruega por nosotros
    Madre purísima Ruega por nosotros
    Madre castísima Ruega por nosotros
    Madre inmaculada Ruega por nosotros
    Madre Virgen Ruega por nosotros
    Madre amable Ruega por nosotros
    Madre admirable Ruega por nosotros
    Madre del Buen consejo Ruega por nosotros
    Madre del Creador Ruega por nosotros
    Madre del salvador Ruega por nosotros
    Virgen prudentísima Ruega por nosotros
    Virgen venerable Ruega por nosotros
    Virgen laudable Ruega por nosotros
    Virgen poderosa Ruega por nosotros
    Virgen clemente Ruega por nosotros
    Virgen fiel Ruega por nosotros
    Espejo de justicia Ruega por nosotros
    Trono de la Sabiduría Ruega por nosotros
    Causa de nuestra alegría Ruega por nosotros
    Vaso espiritual Ruega por nosotros
    Vaso insigne de devoción Ruega por nosotros
    Vaso precioso de la Gracia Ruega por nosotros
    Rosa mística Ruega por nosotros
    Torre de David Ruega por nosotros
    Torre de marfil Ruega por nosotros
    Casa de oro Ruega por nosotros
    Arca de la Alianza Ruega por nosotros
    Puerta del cielo Ruega por nosotros
    Estrella de la mañana Ruega por nosotros
    Salud de los enfermos Ruega por nosotros
    Refugio de los pecadores Ruega por nosotros
    Consuelo de los afligidos Ruega por nosotros
    Auxilio de los cristianos Ruega por nosotros
    Reina de los Angeles Ruega por nosotros
    Reina de los Patriarcas Ruega por nosotros
    Reina de los Profetas Ruega por nosotros
    Reina de los Apóstoles Ruega por nosotros
    Reina de los Confesores Ruega por nosotros
    Reina de las Vírgenes Ruega por nosotros
    Reina de todos los Santos Ruega por nosotros
    Reina concebida sin pecado original Ruega por nosotros
    Reina llevada al cielo Ruega por nosotros
    Reina del santísimo Rosario Ruega por nosotros
    Reina de la paz Ruega por nosotros

    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo óyenos, Señor
    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo perdónanos, Señor
    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo ten piedad y misericordia de nosotros

    Pueblo: Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades. Antes bien, líbranos de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.

    Guía: Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.

    Pueblo: Para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

    Guía: OREMOS

    Señor, concede a tus hijos gozar siempre de completa salud de alma y cuerpo; y por la intercesión de la gloriosa siempre Virgen María, líbranos de las tristezas de esta vida y concédenos disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor.

    Pueblo: AMÉN.

    Se concluye el Santo Rosario, con la oración:

    Por la señal de la santa Cruz…


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